El contexto
Todo comenzó con un cambio de estrategia. El Design System dejó de funcionar bajo un modelo centralizado para pasar a uno federado — un giro que traía consigo nuevos desafíos, y una oportunidad para mí de aplicar los pilares que había definido como líder del equipo: ordenar, optimizar, automatizar y disponibilizar.
Este nuevo modelo significaba dar más independencia a las demás células para diseñar sus propios componentes, siempre bajo la supervisión de nuestro equipo y respetando los lineamientos establecidos en nuestras librerías.
Con este nuevo modelo, surgió un problema evidente: la documentación. Documentar un componente correctamente —sus variantes, propiedades, estados, usos— es una tarea que toma tiempo, y en un esquema federado, donde más personas estarían creando componentes, ese tiempo se multiplicaba. Automatizar este punto se volvió vital.
Así nació la idea: un plugin de Figma capaz de generar la documentación de un componente automáticamente. La idea de uso era simple — el diseñador termina de construir su componente, lo escanea con el plugin, y con un solo clic obtiene la documentación completa, lista para integrarse a la librería.
El desafío técnico
Acá es donde el proyecto se puso interesante para mí. Tengo nociones básicas de programación, pero no soy desarrollador. Y para construir un plugin de Figma, necesitaba escribir código.
Una opción era delegarlo a alguien del equipo. Pero en ese momento estábamos con un nivel de exigencia bastante alto, sosteniendo roadmaps y tareas propias, además de dar soporte constante a los distintos equipos que consumen el Design System. Sumar este proyecto a la carga de alguien más no era realista.
Así que decidí avanzar por mi cuenta, empezando por lo que mejor sé hacer: diseño. Pensé la lógica del plugin, cómo debía verse, qué pasos seguiría el usuario, qué información debía extraer de un componente y cómo se vería esa documentación generada. Pero diseñar el plugin no era suficiente — necesitaba convertir esa idea en código funcional.
Ahí es donde la IA se volvió mi compañera de ruta. Mi enfoque fue simple: plantear el problema con claridad —qué necesitaba lograr, qué tenía hasta ese momento, y a qué solución quería llegar— y avanzar paso a paso desde ahí, construyendo el plugin pieza por pieza.